Mi primer empleo, después de graduarme de ingeniería eléctrica, lo obtuve en una fábrica de bebidas; sin duda, fue mi mejor escuela de automatización industrial y gestión de proyectos de montaje de maquinaria industrial.
Recuerdo que una de mis primeras tareas fue acompañar a un técnico mecánico alemán, un señor mayor de 60 años, quien era el único representante del fabricante de la nueva planta de molienda, y responsable de montar toda la planta. Él no hablaba nada más que alemán.
Tu serás el intérprete, le trasladarás a nuestros mecánicos todo lo que solicite el mecánico alemán. Tendrás que acompañar al técnico todo el tiempo.
Éstas fueron las indicaciones que me dio mi jefe. Dicho y hecho.
Una de las herramientas que usaba este señor era una regla plegable (Gliedermaßstab), yo nunca la había visto. Un día, la sacó de su overol para medir el tramo que faltaba entre dos tubos metálicos que no estaban alineados entre sí. Lo que me llamó la atención es que él dobló la regla en un ángulo para tomar la medida. No le tomó mucho tiempo. Apuntó unos datos en milímetros en un papel y me lo entregó, junto con un codo de metal, del mismo diámetro de los tubos. “Dile a los mecánicos que corten el codo de acuerdo a estos apuntes.” Fue todo lo que me dijo.
Cuando llevaba el codo ya terminado, yo iba pensando en la alta probabilidad de que el codo no quedara bien, porque el técnico midió todo a la carrera, ¡y con una regla plegable! -Demasidada flexibilidad- pensé. Le entregué la pieza y él sacó nuevamente la regla plegable, le tomó unas medidas al codo. Luego sacó un mazo y después de golpear los extremos de la pieza, la montó con las abrazaderas correspondientes, y listo. Impresionante.
Ésta ha sido una lección de ingeniería y emprendimiento para mí, que trato de compartir cada vez que la recuerdo. Hoy quiero dejarla por escrito:
Muchas veces, cuando tenemos una buena idea o un plan, el temor al fracaso nos impide comenzar. Queremos tener todo cuidadosamente planificado antes de proceder. Pero este señor mecánico hizo los ajustes después de fabricar la pieza; él ya sabía que tendría que hacerlo, por eso cargaba el mazo. Seguramente, en la etapa de planificación (el papel donde anotó las medidas), el técnico consideró un margen de error, una tolerancia. Y así pudo hacer los ajustes necesarios después.
En pocas semanas, la planta estaba montada y el señor mecánico se retiró. Su relevo era un electricista y programador de PLC, quien estuvo a cargo de la puesta en marcha. Sinceramente me recuerdo más del montaje mecánico. ¿Será que la mecánica era mi verdadera vocación?
Este año encontré una regla plegable en una tienda de souvenirs, no dudé en comprarla, es la que aparece en la foto de este artículo. Y lo mejor de todo, es que es alemana.
Mis mejores deseos en sus proyectos. ¡Exitos y adelante!

